Ética profesional
Arnoldo Mora [email protected] | Martes 02 julio, 2013
Los servicios que ofrece el Estado se pagan con recursos provenientes de impuestos, muchos de ellos indirectos, los cuales violan las normas de la justicia distributiva porque los pagan todos, ricos y pobres por igual
Ética profesional
Dichosamente los costarricenses no estamos acostumbrados a vivir sin inmutarnos en un país donde las principales noticias conciernen a los escándalos de corrupción que sacuden a todos los estratos de la sociedad.
Lo cual confirma que las reservas morales de la gran mayoría de nuestros compatriotas los inducen a indignarse y a protestar en las calles, no solo de la ciudad capital, sino de muchos rincones del país. Nunca en nuestra historia ha habido tantas manifestaciones y por tan diversos y justificadísimos motivos como en estos últimos años.
Pero ninguno de esos escándalos ha tocado la fibra más profundamente humana que el que se originó en la denuncia de que aquí se había instaurado un mercado de órganos humanos.
Vísceras de gente pobre se venden como vulgares mercancías a clientes provenientes de alejados países. Hasta el presente la policía ha detenido a dos sospechosos, pero hay razones para creer que hay mas involucrados, pues una cirugía de esta naturaleza implica la participación de varias personas.
Mas allá de este aterrador escándalo, los costarricenses debemos exigir que los profesionales liberales, muchos de los cuales se han graduado en nuestras excelentes universidades públicas pagando módicas matrículas o, incluso, beneficiándose de becas, paguen los impuestos de ley y no abusen de tiempo laboral y recursos e insumos de las instituciones públicas.
Todos los servicios que ofrece el Estado se pagan con recursos provenientes de impuestos, muchos de ellos indirectos, los cuales, no lo olvidemos, violan las normas de la justicia distributiva porque los pagan todos, ricos y pobres por igual, cuando los únicos impuestos justos son los directos, dado que los sectores de bajos y medianos ingresos no deben pagar impuestos (¿qué mayor impuesto que ser pobre o de clase media?).
Esos recursos deben estar al servicio exclusivamente de los fines establecidos por la ley, ya que fueron concebidos para beneficiar a las mayorías. Por lo demás, en nuestro actual e injusto sistema tributario, son estas las que pagan la mayor cantidad de impuestos; es a ellas a quienes se debe servir.
La razón de la descomposición moral tiene la misma raíz : la erosión implacable de nuestro Estado Social de Derecho inspirada en los prejuicios obsoletos y criminales de la ideología neoliberal que ve, como decía Reagan, en el Estado su peor enemigo.
Sin embargo, estos flamantes neoliberales no dudan en recurrir al Estado cuando de salvar sus bancos se trata, o de reprimir brutalmente la justa indignación popular.
El Estado debe ser fuerte y bien administrado para contribuir a que los pobres suban a los sectores medios. Así lo entendieron y practicaron las grandes figuras de nuestra historia como Feliz Arcadio Montero, Alfredo González Flores y los reformadores de la década de los 40s. Solo reviviendo el espíritu de esos prohombres nuestra Patria podrá salvarse.
Arnoldo Mora
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