En pro de la familia
Arnoldo Mora [email protected] | Martes 22 enero, 2008

Arnoldo Mora

Hoy quiero insistir en que las solas medidas de combate a la violencia no bastan si queremos llegar a la raíz del problema que no es más que la manifestación dramática de una crisis de valores. Pero, como decía San Agustín, el mal es tan solo la ausencia del bien, por lo que solo se puede combatir si llenamos ese vacío con la virtud cuya matriz es el amor.
Pero en la vida social, el amor es algo más que un acto individual, es también una estructura socio-cultural que llamamos la familia, núcleo y matriz de donde provienen todos los valores de que se nutre el cuerpo social. Por eso solo hay una verdadera solución a la crisis de la violencia, cual es la de promover una serie de políticas tendientes al fortalecimiento del núcleo familiar.
La familia tradicional está desapareciendo en la medida en que nuestra sociedad deja de ser agraria y se vuelve citadina. La incorporación de la mujer al mercado laboral trae como consecuencia la disminución drástica de la natalidad, como la estamos viviendo en Costa Rica. Los niños llegan a ser una especie rara, cuando no una especie en vías de extinción como en no pocos países de Europa, mientras la población adulta crece exponencialmente en razón de la creciente longevidad.
Pero lo más grave es que los jóvenes encuentran muy difícil, por no decir imposible, tener un hogar propio para casarse. El matrimonio se hace cada día más caro por lo que se atrasa mientras se logra estabilidad laboral; la estratificación social que promueve la hegemonía del mercado, hace cada vez más rígida a la sociedad, con lo que la esperanza de ascenso social se hace cada vez más lejana para las nuevas generaciones, incluso a veces a pesar de recibir una mejor preparación profesional.
Es por eso que se requieren políticas específicas en el campo social, cuyos parámetros no midan cuantitativamente tan solo el crecimiento económico. La movilidad social es parte indispensable de una política tendiente a la promoción cualitativa de la vida y un antídoto indispensable para combatir la violencia.
Deben fortalecerse los sectores más vulnerables del núcleo familiar. Para ello pienso que debe crearse un Ministerio de la Familia, cuya tarea es la de coordinar aquellas instituciones que buscan ese fin pero que ahora están dispersas, porque fueron creadas al calor de luchas específicas por lo que carecen de una visión de conjunto. Este ministerio debe reunir al actual Ministerio de La Mujer, al PANI, al Viceministerio de la Juventud y mantener estrechas relaciones con el Ministerio de Educación, de Trabajo y el Viceministerio de Deportes.
Con eso se fortalecen los sectores más vulnerables del núcleo familiar, como son las mujeres, sobre todo en su función de madres, los niños y las personas de la tercera edad.
Solo tomando como eje central de la economía y de la política al ser humano y los valores que hacen factible una vida digna de llamarse humana, se podrá acabar con el flagelo de la violencia. Porque solo hay una respuesta frente al Mal: el fortalecimiento del Bien.
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